Buenos Aires, 19 mayo (NA) — Investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) hallaron fósiles de amonites de 135 millones de años en la formación Vaca Muerta en Mendoza que conservan una capa orgánica nunca antes registrada en estos moluscos.
Se trata de piezas correspondientes a dos especies de amonites, Bochianites neocomiensis y Lissonia riveroi, que conservan el periostraco, la capa orgánica más externa de la conchilla de los moluscos, compuesta en organismos actuales por proteínas, polisacáridos y lípidos.
Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, el trabajo fue publicado en la revista internacional Communications Biology.
LOS AMONITES
Los amonites pertenecían a los ammonoideos, cefalópodos marinos extintos. Habitaron los océanos durante aproximadamente 400 millones de años, hasta desaparecer hace unos 66 millones de años, en la misma extinción masiva que acabó con los dinosaurios.
Poseen una gran importancia científica debido a que evolucionaron rápidamente, tuvieron una amplia distribución geográfica y sus conchillas suelen preservarse con frecuencia. Estas características los convierten en excelentes fósiles guía, utilizados para datar estratos y correlacionar unidades geológicas entre distintas regiones. En el caso de la Formación Vaca Muerta, estos fósiles resultaron fundamentales para identificar y correlacionar rocas de la misma edad.
LA IMPORTANCIA DEL ESTUDIO
Según explicaron desde el CONICET, la principal relevancia del hallazgo radica en la preservación del periostraco de estos amonoideos, un descubrimiento considerado inédito, ya que es la primera vez que esta estructura es documentada en este tipo de organismos.
“El periostraco es una estructura extremadamente delgada, flexible y frágil, que hasta ahora no había sido descripta en ammonoideos cretácicos. El estudio demuestra que incluso tejidos orgánicos muy delicados pueden conservarse durante 135 millones de años cuando las condiciones tafonómicas y diagenéticas son favorables”, explica Maisa Tunik, investigadora del Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG).
La función principal de esta capa es iniciar la biomineralización de la conchilla, es decir, actuar como base para la precipitación de carbonato de calcio. Además, cumple un papel protector frente a la disolución y la abrasión de la parte mineral.
Sobre la fragilidad del periostraco, Martín Rogel, técnico del laboratorio del IIPG, explicó que “se trata de una película extremadamente fina, mucho más delgada que un cabello humano, que se despega y deteriora rápidamente durante la manipulación. Esto nos obligó a ser muy cuidadosos, minimizando la intervención directa y seleccionando las superficies a analizar”.
De esta manera, se aplicaron técnicas de estudio no destructivas, es decir, métodos que permiten analizar los fósiles sin dañarlos, como la microtomografía y la microscopía electrónica. Además, se trabajó con varios ejemplares y junto a equipos de distintas partes del país, lo que permitió confirmar las observaciones, algo fundamental al estudiar materiales tan delicados.
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