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Desregulación del cabotaje: alertan por riesgos geopolíticos y el sector naviero reclama una reforma “integral”

Buenos Aires, 26 julio (NA) — Especialistas en transporte marítimo y geopolítica advirtieron que el proyecto de desregulación del cabotaje impulsado por el Gobierno y que dio a conocer el presidente Javier Milei durante su discurso en la Sociedad Rural podría generar consecuencias estratégicas de largo plazo y abrir un nuevo foco de tensión con Estados Unidos.

En la carpeta de reformas promovidas por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, se encuentra la desregulación del cabotaje naviero y los especialistas señalan que, si bien existe consenso sobre la necesidad de modernizar la marina mercante y reducir costos, abrir el transporte interno a operadores extranjeros sin reglas de reciprocidad ni controles de seguridad pondría en riesgo un sector considerado clave para la soberanía nacional.

Por su parte, Fernando Morales, de la Liga Naval Argentina, alertó sobre la desregulación que quiere hacer Sturzenegger sobre el practicaje. El hombre explicó que el practicaje es la actividad que realizan los profesionales de la navegación cuando asesoran a un capitán de un buque extranjero en nuestros ríos. “La ley que propone Sturzenegger sería devastadora”, afirmó.

Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, el debate excede la discusión sobre la competitividad o el costo de los fletes e incorpora el interrogante acerca de quién controlará en los próximos años una parte relevante de la infraestructura logística y marítima argentina, en un contexto internacional marcado por la disputa entre las principales potencias por puertos, rutas comerciales y corredores estratégicos.

Las advertencias se centran en el creciente avance de China en el Atlántico Sur. De acuerdo con los especialistas, en los últimos años aumentó la presencia de la flota pesquera china en las inmediaciones de la Zona Económica Exclusiva argentina y distintos centros de análisis internacionales sostienen que la expansión marítima de Beijing responde a una estrategia de Estado que trasciende el interés comercial.

En ese sentido, explicaron que el objetivo es consolidar una presencia logística permanente, ampliar la capacidad de influencia sobre corredores marítimos, puertos e infraestructura crítica y fortalecer su proyección global. Agregaron que parte de esas inversiones civiles pueden adquirir un valor de doble uso, al servir tanto para actividades comerciales como para objetivos estratégicos, de inteligencia o de seguridad nacional.

Como antecedente regional mencionaron a Cosco Shipping, la empresa estatal china que construyó y opera el megapuerto de Chancay, en Perú, una de las principales inversiones de China en América Latina. Indicaron que ese desarrollo fue seguido con preocupación por Estados Unidos, que manifestó reparos por la creciente participación de empresas estatales chinas en infraestructura considerada estratégica para la seguridad regional.

En ese contexto, sostuvieron que el proyecto impulsado por Sturzenegger podría facilitar una mayor presencia de operadores extranjeros en el cabotaje argentino sin exigir controles suficientes sobre el origen de los capitales, los beneficiarios finales, la estructura societaria o los vínculos con estados extranjeros.

Asimismo, señalaron una contradicción dentro de la política oficial. Mientras el Gobierno del presidente Javier Milei profundiza su alineamiento con Estados Unidos y ambos países avanzan en acuerdos para reforzar la vigilancia del Atlántico Sur frente al avance de actores extrarregionales, la reforma del cabotaje podría facilitar el ingreso de esos mismos actores a una actividad considerada estratégica.

En paralelo, según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, en la Federación de Empresas Navieras Argentinas (FENA) genera preocupación los trascendidos sobre una eventual apertura del cabotaje a buques extranjeros y reclamaron que cualquier modificación del régimen forme parte de una reforma logística integral.

Fuentes del sector indicaron que las empresas navieras comparten la necesidad de reducir costos logísticos, ampliar la flota disponible para el transporte local, promover inversiones de largo plazo y avanzar en una desburocratización de la cadena fluvial y marítima. Sin embargo, sostuvieron que la apertura del cabotaje, por sí sola, no eliminará los sobrecostos argentinos si antes no se corrigen las asimetrías laborales, fiscales, portuarias, registrales, de estiba y burocráticas.

Desde ese ámbito también remarcaron que más del 80% de los países con litoral marítimo reserva el cabotaje para sus pabellones nacionales al considerar a la marina mercante un activo estratégico para la seguridad económica y la resiliencia logística. En esa línea, señalaron que tanto Estados Unidos como la Unión Europea fortalecen sus flotas nacionales y consideran a la infraestructura portuaria y de transporte un componente central de su autonomía estratégica.

Las fuentes consultadas advirtieron que una apertura sin exigencias de reciprocidad para operadores extranjeros podría incrementar la dependencia de flotas internacionales, exponer al comercio interior y exterior a una mayor volatilidad tarifaria y trasladar parte de la logística de insumos críticos a empresas cuyos intereses no necesariamente coinciden con los objetivos de desarrollo nacional.

Agencia NA.